Almuerzo Navillero III
26 septiembre
Gratuito
“Las mejores curvas se disfrutan más después de unos huevos fritos con chorizo.”
— Filosofía de carretera
Dicen que las mejores rutas son las que tienen un buen destino. Y, después de muchos kilómetros, curvas, cafés rápidos y debates eternos sobre cuál es la mejor moto del mundo, que nadie duda a estas alturas que es la RT1300, hemos encontrado una excusa perfecta para volver a juntarnos.
La misión es sencilla: venir con ganas de rodar, ganas de reír y, sobre todo, ganas de almorzar.
Porque aquí no hablamos de un almuerzo cualquiera. Hablamos de huevos fritos de los de verdad, con su yema lista para liarla en el plato, acompañados de chorizo y lomo de la olla, unas patatas como mandan las buenas costumbres, ensalada mixta para poder decir luego aquello de “algo verde también he comido”, y un clarete dispuesto a arreglar el mundo en cada ronda.
Será una reunión donde habrá historias que van mejorando con los años, rutas que cada vez tienen más curvas según quien las cuente y anécdotas que probablemente no sucedieron exactamente así… pero ya da igual.
Porque al final la verdadera excusa nunca son los huevos, ni el chorizo, ni el clarete.
La excusa somos nosotros.
Así que preparad la moto, revisad la presión de las ruedas… y venid con el estómago vacío y las ganas llenas.
LA RUTA EN MOTO
La zona de Gredos es uno de los mejores destinos para disfrutar en moto. Sus buenas carreteras, la abundancia de servicios y unos paisajes inconfundibles —donde las montañas se mezclan con pinos y encinas, tan distintos de los de otras cordilleras— convierten cada kilómetro en una experiencia especial.
En nuestro caso, el punto de encuentro tradicional para los Almuerzos Navilleros ha sido, y seguirá siendo, Villacastín. Desde allí accedemos por la zona de Aldeavieja para ascender el puerto de la Cruz de Hierro que aunque se trata de una carretera estrecha y sin protecciones laterales, no debe engañar, no es un mal puerto, al contrario, es un tramo divertido, ideal para una conducción relajada y con el premio final de unas excelentes vistas al coronarlo.
El siguiente puerto en la ruta es el de La Lancha, un ascenso largo y con características similares al de la Cruz de Hierro. Son puertos con poco tráfico, que exigen cierta atención y algo de trabajo al manillar, pero que permiten disfrutar más de la carretera que de la máquina.

Al llegar a la zona de Navalperal de Pinares, la carretera gana en calidad: mejor firme, mayor anchura y una dotación más completa (aunque la anterior tampoco es mala; simplemente es más estrecha y con protecciones escasas). Como detalle curioso, en este tramo aparecen señales que advierten de la presencia de motoristas, algo poco habitual en otras zonas.
A partir de aquí, los puertos y trayectos se vuelven mucho más rápidos. Buena anchura, curvas limpias y un agarre excelente.
En todo viaje en moto hay distintos momentos, y este es el de disfrutar. La navegación pasa a un segundo plano; la pelea con el asfalto rugoso o la carretera estrecha queda atrás. Ahora solo toca dibujar buenas curvas y, de vez en cuando, regalarse una mirada al paisaje. Así llegaremos hasta El Hoyo de Pinares y, desde allí, en pocos kilómetros, entraremos en la provincia de Madrid, aunque antes haremos la parada tradicional junto a la antena de espacio profundo que la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene cerca de Cebreros…


El museo es pequeño, sí, pero tiene alma. Nació de la idea y el empeño de Ángel Bravo Hernández, que se lo curró de forma totalmente altruista, con el apoyo del humilde Ayuntamiento de Navas del Rey y las aportaciones de los propios guardias civiles. Vamos, que esto no es un proyecto de laboratorio: aquí todo huele a gasolina humana, trabajo y pasión por contar la historia del cuerpo tal como es.
El tinglado ocupa dos salas: discretas, sencillas y con ese encanto de las cosas hechas con ganas. Allí se intenta mostrar qué ha sido —y qué es— ser guardia civil, tanto desde el lado institucional como desde el lado más humano. La visita es guiada y gratuita.
Durante la visita un guía nos llevará por los distintos rincones explicándonos uniformes, herramientas y objetos históricos. Todo edulcorado con anécdotas, curiosidades y momentos que te arrancarán una sonrisa incluso si lo más parecido a un uniforme que has llevado es el traje de la moto.
Hay varias zonas y cada una te transmite una vibración distinta. Algunas son puro museo, otras tiran a lo costumbrista y otras directamente te remueven por dentro… casi como cuando ves el helicóptero de Tráfico sobrevolar tu cabeza 😉
Cada pieza está cuidada con un mimo que ya quisieran muchos talleres, y se nota la pasión en cada rincón. Teniendo todo esto en cuenta, el resultado es más que bueno… y seguro que a más de uno se le cae algún mito por el camino.







Quién asiste
12 personas asisten Almuerzo Navillero III
